Sindicalismo en las maquiladoras

Sindicalismo en maquiladoras[1]

I.                    Nuevas consideraciones para su comprensión

Este trabajo delinea algunas de las principales características que han definido al sindicalismo en las maquiladoras. También señala continuidades y discontinuidades que se han presentado en esta problemática durante tres décadas de evolución.

La presentación alterna el análisis del comportamiento general y específico de siete ciudades maquiladoras.

A.     Los sindicatos de la maquila

Los estudios iniciales sobre la maquila habían señalado su predisposición a la no sindicalización de sus trabajadores, especialmente por los problemas que ocasionaban sus dirigentes, la oposición de los empresarios y el rechazo de los propios trabajadores. No obstante, estudios posteriores mostraron que tal afirmación era cuestionable pues existían regiones que habían tenido una trayectoria sindical perenne desde el inicio maquilador. Este fenómeno ha llevado a la reconsideración de algunas primeras postulaciones. Por ejemplo, Carrillo ha expresado: La idea del sindicalismo y su función obstaculizadora a la inversión extranjera y a la generación de excedentes económicos es cada vez más imprecisa. (Carrillo, 1994, p. 160.)

En la actualidad, un porcentaje considerable de maquiladoras define sus relaciones laborales con la participación del sindicato. Las investigaciones realizadas en distintas ciudades fronterizas permiten expresar que el sindicato se ha convertido en un actor central de las relaciones laborales, especialmente en cuanto a fijación de condiciones salariales y de trabajo. Esta precisión refuta en parte la hipótesis de la obsolescencia de estas instancias en este tipo de industrias. Por otro lado, también contradice, en parte, la idea de un sindicalismo meramente funcional y no cuestionador en estas empresas, en virtud de que algunos de ellos han logrado interesantes conquistas.

Una revisión de los índices de sindicalización en la maquila permite observar una relación entre región geográfica y comportamiento sindical que impacta directamente en las relaciones laborales presentes en la maquila. En el noreste mexicano integrado por Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas persisten las relaciones laborales mediadas por el sindicato, en tanto que en el noroeste conformado por Chihuahua y Baja California se perciben relaciones laborales con un sindicalismo débil o bien la inexistencia de este tipo de organizaciones al interior de las empresas.

En las industrias donde el sindicato ha sido importante, sus características han sido las siguientes: hegemonía del sindicalismo oficial, es decir afiliado a las grandes centrales; coexistencia de sindicatos tradicionales, de amplia trayectoria histórica, y sindicatos modernos, creados ex profeso para la maquila al interior de estas empresas y la adopción de una política sindical de conciliación en lugar de enfrentamiento, como estrategia principal para mantenerse en las plantas.

Hasta los años noventa, el panorama sindical en la maquila se caracterizó por un reacomodo en cuanto a función, ámbito de competencia y estrategias de acción de los sindicatos locales que habían logrado penetrar estas empresas, o bien por el surgimiento de nuevas instancias sindicales que intentaban responder a los requerimientos de la naciente industria. Este proceso denominado reestructuración no fue homogéneo en la frontera, estuvo determinado por el tipo de industria y la trayectoria sindical de cada región.

Especialmente dos vertientes podrían distinguirse al interior de esta reestructuración: el sindicalismo subordinado y el sindicalismo tradicional. El primero se podría definir como la organización laboral inserta en una burocracia sindical que en una fase de reestructuración industrial ha perdido el control de la fuerza laboral en una localidad y ha adoptado una política sindical que se caracteriza por la liberación de la fuerza laboral en el interior de la planta, y una adecuación de los derechos obreros en favor de los requerimientos empresariales, como supuesta condición necesaria para el desarrollo industrial del país.

Este comportamiento sindical permite vislumbrar al sindicato como un elemento de explotación y control del trabajador mediante una relación de colaboración irrestricta con el capital. La política sindical subordinada no se encuentra asociada con alguna central obrera en particular, más bien es característica de instancias sindicales pragmáticas que tienen en su permanencia en las maquiladoras, a cualquier costo, su principal objetivo. Este sindicalismo no es un comportamiento homogéneo, puede ir desde la subordinación total, detectada en Tijuana, a la permanencia mínima al interior de las plantas como es Ciudad Juárez. Finalmente, es importante señalar que el sindicalismo subordinado es una práctica distinta a la del sindicalismo blanco.

Por su parte, el sindicalismo tradicional se caracteriza por ser una organización laboral inserta en una burocracia sindical que busca su permanencia como interlocutor en una fase de reestructuración industrial mediante la conservación del control de la fuerza laboral en una localidad y al interior de la planta, y practica una negociación contractual de tipo reivindicativa, limitada por condicionantes laborales regionales. El comportamiento sindical tradicional tampoco es homogéneo; tiene sectores que fluctúan entre el sindicalismo más defensivo, que sólo pretende mantenerse en las maquiladoras mediante la petición de mínimas demandas, y un sindicalismo más propositivo, que no se circunscribe sólo a los aspectos laborales tradicionales y a la petición de salarios y prestaciones, sino que realiza propuestas en otros aspectos centrales, como el ámbito productivo, convirtiéndose en un avance cualitativo en la búsqueda de mayor equidad en los distintos aspectos que conforman el mundo fabril.

De manera complementaria conviene señalar que ambos comportamientos no son excluyentes, existen puntos de contacto como podrían ser su pertenencia a la estructura corporativa mexicana y la conservación del contrato colectivo de manera formal como negociación laboral.

La exposición muestra también que no existe un comportamiento sindical único; asimismo, cuestiona la idea de que un porcentaje importante de los sindicatos son proempresariales. El apartado siguiente profundiza en estas distinciones.

B.     Contratación colectiva

Esta sección presenta una de las diferencias centrales entre sindicalismo tradicional y sindicalismo subordinado: la participación en la definición de las condiciones laborales, especialmente en el rubro de salarios y prestaciones, a través de la negociación contractual. Debido a su importancia, para este análisis se han utilizado los contratos colectivos vigentes en las maquiladoras de las ciudades estudiadas.

Recordemos que el contrato colectivo:

a) Establece las condiciones de trabajo y prestaciones, por lo general, superiores a las que por ley puede pretender un trabajador.

b) Establece prestaciones para la organización sindical que representa a los trabajadores a cargo del patrón.

c) Obliga al patrón a tratar con la representación sindical todas las cuestiones relativas a las condiciones de trabajo y prestaciones, y a partir de ello, protege al trabajador, a quienes es más difícil atenderlos en lo individual.

d) Generaliza y uniformiza las condiciones de trabajo y prestaciones, limitando así al patrón. (Bouzas, 1989.)

A partir del análisis de los contratos colectivos de los sindicatos de las maquiladoras, se puede observar que las diferenciaciones entre el sindicalismo tradicional y el subordinado son acentuadas. El sindicalismo tradicional oscila entre su participación únicamente en el manejo de la fuerza laboral al interior de la planta y la búsqueda de una participación mayor en el terreno productivo. Por su parte, el sindicalismo subordinado fluctúa entre la conservación mínima de prerrogativas sindicales en cuanto a manejo de la fuerza laboral y la renuncia a tales derechos en favor de la empresa. La adopción de uno u otro tipo sindical dependerá de las características industriales y sindicales de cada región.

Ahora bien, el análisis de algunos rubros del contrato colectivo permiten una percepción más fina de las diferencias. En cuanto a salarios y prestaciones laborales, los sindicatos tradicionales se distinguen por una búsqueda constante en el aumento de las mismas. En tanto que el sindicato subordinado se ha marginado libremente de la discusión para definir condiciones laborales, dejándolas al libre albedrío de la empresa. De esta manera, su participación en la fijación de condiciones salariales y laborales en el contrato colectivo es mínima.

Desde esta postura, se podría expresar que el contrato colectivo muestra el avance o retroceso sindical de los trabajadores como grupo social en cuanto a cuestiones laborales al interior de las empresas. Existen particularmente tres rubros en que se puede valorar mejor el tipo de cambio efectuado en la dinámica sindical: la participación del sindicato en la vida fabril del trabajador, desde el ingreso hasta el despido; la estipulación de cláusulas que garanticen la estabilidad industrial y laboral de las empresas y trabajadores; y la búsqueda de mejores salarios en cada revisión contractual.

En cuanto al tipo de participación sindical en el ámbito fabril, el sindicato tradicional fluctúa entre un reconocimiento absoluto de su autoridad con respecto a contrataciones, como son los casos de Matamoros y Piedras Negras, y una negociación consensuada en torno a este aspecto, como serían los casos de Reynosa y Nuevo Laredo. Por el contrario, el sindicato subordinado ha renunciado a tal prerrogativa o bien su participación en la contratación es mínima, como lo evidencia el caso de Tijuana y Ciudad Juárez.

Ahora bien, dada la naturaleza de la industria maquiladora, ambas experiencias sindicales han tenido que enfrentarse a la alta movilidad que suponen las inversiones maquiladoras, supeditadas a las decisiones productivas mundiales. La forma de resolver tal problemática ha sido otro de los factores de diferenciación. Los sindicatos tradicionales de Piedras Negras y Matamoros han conseguido estipular un conjunto de cláusulas que impiden la emigración de plantas maquiladoras sin la debida indemnización a los trabajadores.

En tanto que los sindicatos subordinados, temerosos de perder sus maquiladoras agremiadas, han excluido toda cláusula que implique el cuestionamiento a la movilidad de las maquiladoras, como es el caso de Tijuana; o bien han adoptado una alta flexibilidad laboral que permite manejar la fuerza laboral según las necesidades empresariales, así lo demuestra el caso de Ciudad Juárez.

Tal problemática está relacionada con la concesión de plantas laborales al interior de las empresas. El sindicato tradicional sigue teniendo entre sus principales objetivos la mayor obtención de plantas para sus agremiados, permitiendo la firma de contratos temporales o recorte de personal en casos excepcionales, especialmente cuando es condición necesaria para el mantenimiento de la empresa. El sindicato subordinado ha optado por la firma de contratos temporales para un alto porcentaje de su personal y sólo un pequeño núcleo tiene la planta.

La crisis actual, en donde persiste una política industrial que exalta la conservación de las fuentes de trabajo, ha acentuado las diferenciaciones entre ambos sindicatos. Más aún, ha escindido el sindicalismo tradicional en cuanto a la opinión de lo que se puede negociar en el mantenimiento de una fuente laboral y lo que no se puede negociar, así como la distinción entre una planta industrial con problemas económicos temporales y una laboral y económicamente inestable.

La filosofía sindical predominante en torno a la inestabilidad/estabilidad industrial y laboral de cada región ha dado lugar a espacios favorables para el establecimiento de plantas inestables como Tijuana, y regiones caracterizadas por empresas con una permanencia industrial continua en la región, como es Matamoros.

En materia salarial, el sindicalismo tradicional mantiene un apego a la negociación mediante la fijación de incrementos monetarios, iguales o ligeramente superiores a los estipulados a nivel nacional. La recurrencia y/o aceptación de formas complementarias de pago (bonos de comida, de productividad, etc.) es mínima. Los contratos colectivos de Matamoros, Nuevo Laredo y Piedras Negras, así lo muestran.

Por el contrario, en el sindicalismo subordinado, el salario monetario formal estipulado en sus contratos constituye sólo una parte, no siempre relevante, del ingreso total del trabajador. La otra parte la constituyen el pago mediante bonos de apoyo de la empresa a su personal, como bonos de transporte, comida, despensa, etc.; o bien vinculados a la productividad, como sería el pagado al "mejor empleado del mes", la "mejor línea de producción", etcétera.

Ahora bien, algunos de los contratos colectivos estipulan el pago de dichos bonos, como sería el caso de Ciudad Juárez; otros no lo mencionan, tal es el caso de Tijuana, situación que conduce a una alta dependencia de tales concesiones a la voluntad del empresario. Empero, la característica común es que la cantidad o tipo de bono es estipulado unilateralmente por el empresario. El sindicato no tiene participación alguna.

C.     Formas de acción obrera

Otro de los mitos sobre las maquiladoras que ha persistido es la supuesta apatía y no protesta de los trabajadores. Sin embargo, como analizaremos a continuación, distintos estudios sobre la dinámica maquiladora desmienten tal suposición. Los pocos estudios sobre la temática son una primera explicación de este comportamiento. Según Carrillo, esto se debe a:

…la escasa información laboral sistemática con que se cuenta; en segundo lugar, el gran dinamismo de la industria maquiladora inhibe la discusión de los factores que contrarrestan su desarrollo; y, en tercer término, la heterogenidad laboral que se observa en la maquila a lo largo de la frontera norte dificulta el análisis. (Carrillo, 1994, p. 96.)

A pesar de la complejidad, los analistas, desde posturas distintas, han avanzado en el entedimiento de las acciones obreras en la maquila, refutando la idea del no cuestionamiento obrero. Más particularmente, Reygadas (1991), basado en los casos de Ciudad Juárez y Chihuahua, ha delineado una periodicidad que bien podría aplicarse al mundo maquilador en donde el sindicalismo es débil, es decir, con prácticas subordinadas. Para este autor, la acción obrera puede dividirse en tres periodos:

El primer periodo se situaría entre 1966 y 1974, en el cual los trabajadores de las primeras maquiladoras intentaron construir sindicatos similares a los existentes en otro tipo de empresa. Estos intentos fracasaron en repetidas ocasiones. El periodo también fue escenario de fuertes movimientos, especialmente contra la inestabilidad de las empresas. En sus luchas, los trabajadores utilizaron predominantemente las tácticas tradicionales del movimiento obrero mexicano: constitución de sindicatos, celebración de contratos colectivos o convenios con las empresas, realización de huelgas, etc. No obstante, este recurso resultó limitado e incluso contraproducente. Las derrotas de los movimientos mostraron que las empresas maquiladoras no estaban dispuestas a aceptar la existencia de organizaciones sindicales fuertes y reivindica-tivas. (Reygadas, 1991, pp. 533-535.)

El segundo periodo de acción obrera podría fecharse de 1975 a 1981. En esa etapa, predominaron los esfuerzos por constituir coaliciones obreras informales que lucharan al interior de los centros de trabajo. La táctica de formar coaliciones y luchar en el espacio productivo indica una tendencia hacia una utilización menor de los recursos sindicales, aunque todavía con esfuerzos importantes por convertir el grupo informal en un grupo sindical establecido. Las coaliciones encontraron una fuerte resistencia empresarial que les impidió consolidarse. (Reygadas, 1991, pp. 535-537.) También es importante señalar en este periodo el involucramiento de otros sectores de la población en las luchas maquiladoras.

Finalmente, el autor enuncia el tercer periodo de acción obrera de 1982 a principios de los noventa. Esta nueva etapa se caracteriza porque las tácticas sindicales han pasado claramente a un segundo plano. Los rasgos característicos de esta fase son la alta rotación de personal, la aparición de incipientes espacios de poder obrero en la estructura productiva de las maquiladoras, la aplicación de sistemas flexibles de organización del trabajo y una pequeña pero significativa mejoría en las condiciones de trabajo de los operadores de la maquiladoras. El autor concluye que la actuación obrera sin sindicatos se debe a la falta de alternativas colectivas para expresar sus intereses y ha conducido a los trabajadores a protestar más de manera individual o con organizaciones coyunturales para resolver problemáticas eventuales, que a través de organizaciones formales laborales. (Reygadas, 1991, p. 537.)

Únicamente habría que complementar la descripción del autor con algunas preci- siones. Primero, la pérdida de terreno de la protesta vía sindicato es una característica común de espacios con sindicatos débiles o sin sindicatos, como Tijuana y Nogales. Segundo, la existencia de coaliciones ha sido una experiencia muy específica de Ciudad Juárez, en donde ha sido muy importante la participación de ciertos asesores laborales.

La historia ha sido distinta en los espacios con sindicatos fuertes o participativos. A continuación se expone el caso de Matamoros, prototipo del sindicalismo maquilador fuerte. Dentro del panorama de las maquiladoras, esta ciudad podría catalogarse como una localidad con alta propensión al conflicto laboral, especialmente por su historia sindical y su respuesta a las crisis nacionales y recesiones económicas en sus plantas industriales. La historia de la acción obrera puede realizarse a través de los registros oficiales de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA) y de otras fuentes, como las hemerográficas.

Los conflictos registrados en la JLCA se refieren a las demandas individuales y colectivas presentadas ante esa instancia, sin embargo, no dan el contexto de los movimientos. Para complementarlos se han utilizado testimonios y la prensa.

A diferencia de Tijuana y Ciudad Juárez, en Matamoros la mayor parte de las demandas laborales conocidas como demandas colectivas las canaliza el sindicato; las demandas in-dividuales son escasas, como lo muestran los registros: la JLCA reportaba que entre 1970 y 1983, en Juárez se registraron 2,691 personas demandantes, en tanto que en Matamoros sólo registró 231 personas demandantes. Las causas de las demandas individuales de Matamoros fueron 62.3% por indemnización y salarios devengados, y 39% por reinstalación y prestaciones diversas. Las formas de términos de tales demandas fueron 39% por con-venio, 22% por desistimiento y 36% por otras causas.

En cuanto a la evolución de los conflictos colectivos, se puede percibir otra especificidad de Matamoros. Las crisis maquiladoras no han afectado por igual a las ciudades maquiladoras: mientras los setenta fueron años aciagos para Juárez y Tijuana, Matamoros las re-sintió más durante los años ochenta. En esa década, se observó un incremento en los emplazamientos a huelga, las cifras son elocuentes: de 11 emplazamientos registrados entre 1970 y 1983, se pasó a 224 en el periodo de 1984-1987. El principal motivo de los emplazamientos fue por aumento salarial (96%). Hasta 1988, el emplazamiento cumplió un papel de periodo de negociación consensuada. No obstante, la crisis de las matrices matamorenses como General Motors impidió continuar con esta política, dando paso a la etapa más aguda en cuanto a conflictividad: entre 1989 y 1990 estallaron 10 huelgas que involucraron a más de 7,000 trabajadores, tres de ellas se escenificaron en plantas estratégicas de Matamoros como: Componentes Mecánicos de Matamoros, Rimir y Kemet de México.

El cuestionamiento obrero disgustó al sector empresarial, que recurrió al apoyo de las autoridades estatales y nacionales para frenarla. En 1991, el dirigente del principal sindicato maquilador, el Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales (SJOI), fue apresado por supuesta evasión fiscal. A partir de ese momento se inició una etapa de aquietamiento de la efervescencia sindical, que culminaría en 1994 con la firma del Acuerdo Estatal para Promover una Nueva Cultura Laboral en donde se enfatizaba la predilección por un sindicalismo de conciliación más que de enfrentamiento.

La nueva política funcionó hasta mediados de los noventa, cuando el SJOI, repuesto de los embates de los años noventa, reinició sus demandas contractuales por incremento salarial y mejores prestaciones laborales. Esta política le ha causado grandes conflictos con los empresarios, especialmente en las dos últimas negociaciones, pese al supuesto acuerdo de conciliación. En las negociaciones colectivas de 1998 y 1999, los empresarios declararon haber firmado los acuerdos laborales "bajo protesta" debido a que "se les estaba exigiendo un aumento superior al autorizado por las autoridades". (El Bravo, enero-febrero, 1998, 1999.) La fortaleza económica del sindicato y su reencuentro con los gobernantes tamaulipecos, en los distintos niveles parecen ser algunas de las explicaciones a este fortalecimiento sindical. Finalmente, es interesante observar cómo, a pesar de los conflictos laborales, la mayor parte de las inversiones maquiladoras continúan en la localidad. En otros estudios hemos mencionado que una de las explicaciones a este fenómeno radica en que las matrices matamorenses son firmas que no dependen sólo de los costos salariales y que ocupan un lugar estratégico en el esquema productivo internacional. (Quintero, 1997.) Otros autores han señalado los buenos rendimientos en cuanto a productividad que tiene la localidad. Según Carrillo:

En lo que se refiere a la productividad por trabajador los resultados muestran cómo los mayores salarios comparativos no son reflejo de un pago "irracional" o "excesivo" (sino que tiene relación con la productividad)… La productividad por trabajador en 1975 era menor en Matamoros que en el resto de las ciudades maquiladoras. Desde 1983, esto ha cambiado y Matamoros es actualmente la localidad donde es mayor la productividad por trabajador. Por cada hora trabajada, a razón de 61 centavos de dólar, 1.93 dólares fueron generados productivamente en 1983… (Carrillo, 1994, p. 158.)

La cita es por demás interesante, pues ratifica una idea esbozada con anterioridad: la existencia de sindicatos puede llegar a ser un elemento fundamental en la producción con eficiencia y calidad para el mercado internacional, sin que ello implique la renuncia a condiciones laborales y salariales dignas. Sin embargo, Matamoros es cada vez más un caso sui generis en el mundo maquilador que una práctica generalizada.

D.     A manera de conclusiones

La exposición evidencia fuertes cambios en el terreno sindical. Primero, se rechaza la idea de una asindicalización de la maquila. Más bien, se da cuenta de un mantenimiento en la tasa de sindicalización de las ciudades maquiladoras. Asimismo, se refuta la idea de la mera existencia de organizaciones sindicales que relegan sus peticiones salariales a cambio de su permanencia en las plantas. Para un mejor entendimiento de esta diversidad, se ha sugerido dos categorías: el sindicalismo tradicional y subordinado para el análisis de la problemática sindical.

Segundo, la contratación colectiva en las maquiladoras no es letra muerta. Distintos estudios, han señalado que donde existen sindicatos tradicionales, el contrato puede ser no sólo instrumento para mejoras salariales, sino freno a la inestabilidad industrial de la maquila. En tanto que, los espacios subordinados, se caracterizan no sólo por un autocercenamiento de sus conquistas laborales sino por la disminución en su control laboral.

Finalmente, la descripción de distintas formas de acción obrera ha mostrado como esta ha estado íntimamente relacionada con las crisis económicas de la maquila, pero también con la forma sindical de cada localidad. Además, muestra que la supuesta apatía de los trabajadores maquiladores es sólo uno de los tantos mitos que deben ser reconsiderados en torno a la maquila.

  Quintero. Universidad Obrera de México. http://www.uom.edu.mx/trabajadores/13quintero.htm

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