EL SINDICALISMO EN MEXICO parte 3

VII. LA UNIÓN DE OBREROS Y CAMPESINOS DE MÉXICO

 

Nacida en mayo de 1949, esta Unión queda integrada por el Sindicato de Mineros y otros de menor importancia, "prohijada por Vicente Lombardo Toledano".74

La UGOCM adoptó la tesis clasista de la lucha de clases. Los principios de la nueva central eran:

Defensa inquebrantable de los intereses de la clase obrera, del derecho de huelga, de la libertad de asociación sindical, de los intereses de los campesinos, del régimen democrático, contribución al desarrollo económico del país, lucha por la independencia de México y contra el imperialismo extranjero, lucha por la paz mundial, rechazo de todo tratado internacional que lesione la independencia de nuestro país.75

El registro solicitado por la UGOCM fue negado por la Secretaría del Trabajo, que argumentó que no cumplía con los requisitos legales. Por este motivo, Lombardo intentó legalizarla afiliándola a la CTAL, de la cual era dirigente. El enésimo intento de unificación obrera queda frustrado, una vez más. Esta central recibe ataques de las demás organizaciones obreras, no lombardistas, entre ellas la CTM, encabezada por su secretario general, Fernando Amilpa, que en un desplegado la calificó: "divide y reinarás. La nueva central obrera, otro timo de lombardo-comunismo".76

El debilitamiento de la UGOCM significaba el fin del proyecto nacional popular y del lombardismo como corriente política de la izquierda mexicana.

El constante intervencionismo y control del gobierno en las convenciones y asambleas y la imposición a las directivas de esas agrupaciones, hacen que no mantenga la unidad del movimiento sindical sino que, por el contrario, lo divida, dando lugar a otras centrales sindicales.

La UGOCM tuvo como afiliados principales a los petroleros y mineros. Hubo inconformidades en el sindicato petrolero en 1949, porque el Comité Ejecutivo aceptó un aumento salarial del 20% cuando la demanda inicial era de 30%. Esta decisión fue tomada por el Comité, sin consultar a las secciones que no aceptaban tal ofrecimiento. Esto rompió la unidad de los trabajadores petroleros quienes reclamaron celebrar una asamblea general. El Comité Ejecutivo se opuso, previendo una mayor división y el origen de un golpe similar al que habían sufrido los ferrocarrileros. La Secretaría del Trabajo hizo correr el rumor de que los líderes habían aceptado la suma de ocho millones por firmar el acuerdo. Con este rumor, la negativa del Comité a realizar la asamblea se traducía en un fortalecimiento de la división. En octubre de 1949 se realizó la VI Convención General Ordinaria del Sindicato Petrolero; durante los preparativos para la Convención, Ramírez Vázquez, secretario del Trabajo, hizo todo lo posible para negar el reconocimiento a los dirigentes sindicales que elegían las secciones y que eran contrarios a los intereses gubernamentales, quienes rompían toda la legalidad e intervenían "descaradamente en la vida del sindicato".77

Los delegados espurios, impuestos por el secretario del Trabajo, impidieron que se iniciara la reunión, donde se encontraba la mayoría de los delegados democráticamente electos. El Comité Ejecutivo fue obligado a proponer para el día siguiente el inicio de la reunión. El 2 de diciembre, el Comité intentó instalar la convención con los delegados auténticos, mas cuando éstos iban llegando al local de la reunión, un grupo de granaderos y de policías impidieron el acto y desalojaron el salón. La resistencia de los miembros del antiguo Comité Ejecutivo fue inútil, y de esta manera, se retiró el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) de la UGOCM, en la que, de hecho, nunca tuvo una participación importante, pues se encontraba dividido por conflictos internos. El sindicato minero era el único soporte importante que le quedaba a la UGOCM; sin embargo, también sufría una profunda crisis. Esto, aunado a la pérdida de la CUT, de los ferrocarrileros y los petroleros, ocasionó el debilitamiento del proyecto lombardista por el gran poder estratégico que le brindaban esos sindicatos industriales.

La UGOCM había fallado, sus líderes habían fallado, así como el Partido Popular. Ya era demasiado tarde: el gobierno y la burguesía la habían rebasado en todos los terrenos. El movimiento obrero, a finales de la década de los años cuarenta, estaba domesticado, teniendo como líder a Fidel Velázquez que, junto con su camarilla, sería bien cebado con puestos políticos para mantener sometida a la clase trabajadora. Éste no recordaría ya su extracción obrera y, mucho menos, sus antecedentes anarquistas en la CGT ni tampoco su compromiso con la ideología lombardista. Con motivo de reasumir una vez más el puesto de secretario general de la CTM, y ante la acusación de Amilpa de que se aliaba con los más corruptos de la Central, declaró ante el Pleno del Congreso cetemista: "vi salir a Gómez Z., por ladrón, a Lombardo, por traidor y a Amilpa por imbécil, yo me quedaré".78 Y lo cumplió hasta la fecha, viendo florecer a la CTM como la principal central, a partir de entonces, la más poderosa.

Con algunos sindicatos que se separaron de la CTM se creó la Confederación Nacional; después, la CUT -de la que ya hemos hablado- se asocia con la Confederación Nacional Proletaria y con sindicatos supervivientes de la antigua CGT, se forma la Confederación Revolucionaria Obrera Campesina (CROC).

Surge después, una nueva central, con el nombre de Federación de Agrupaciones Obreras (FAO); que se organiza para enfrentarse a la CROC y a la CTM. La CROC se afilió al PRI desde el momento mismo de su creación. Ahora bien, no obstante el surgimiento de nuevas centrales obreras, la CTM no vio con buenos ojos la creación de la CROC; declaró que esta confederación se había formado con intenciones de enfrentar a la CTM y que no era una agrupación auténtica de lucha sindical. Luis Gómez Z., fue el primer secretario de la CROC. Pasado algún tiempo, también se dividió la CROC y dio lugar a dos facciones: "la Federación Obrera Revolucionaria (FOR) y el Grupo ‘Engrane’".79

Posteriormente, surgieron la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC), creada en 1951, que pasó a formar parte de la CROC, en abril de 1953, y la Confederación Revolucionaria de Trabajadores (CRT), organizada en el año de 1954, con los residuos disidentes que habían quedado de la CUT.

No obstante que en apariencia se había logrado una relativa unificación del movimiento obrero, la realidad era otra. Tan es así que en septiembre de 1953 empieza a considerarse la posibilidad de constituir una nueva organización que fuera "capaz de disminuir la dispersión del movimiento obrero".80

El antecedente más importante del Bloque de Unidad Obrera (BUO) es el que se conoció como el Pacto de Guadalajara. Se acordó que este pacto se denominaría BUO y estaría integrado por la CTM, la CROM, la CGT (la CROC no fue considerada), así como los grandes sindicatos de industrias de la República mexicana, entre los que pueden mencionarse ferrocarrileros, electricistas y petroleros. Sin embargo, entre el Pacto de Guadalajara y la Constitución formal del bloque pasó casi año y medio. Finalmente, se constituyó en 1955. Por esas fechas el país sufría una aguda inflación combinada con un receso económico de importancia. Se inició ese año lo que podría llamarse una política de "austeridad", reduciéndose severamente el gasto público, lo que ocasionó, entre otras cosas, una elevación en el desempleo y un gran deterioro en los salarios reales. Estas razones, entre otras, condujeron a la decisión de devaluar el peso en abril de 1954. Su valor respecto al dólar pasó de 8.65 a 12.50 pesos. El BUO respaldó el programa que formuló el gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), tendiendo a estimular la economía, que se conoce con el nombre del Programa del 14 de mayo.

El contenido fundamental de este programa encierra una gran variedad de medidas económicas, entre las que destacan la elevación de la capacidad de medidas económicas, la elevación de la capacidad efectiva de compra de los trabajadores del campo y la ciudad; el aumento y la diversificación de la producción agrícola, ganadera e industrial, mediante la creación de un Consejo de Fomento y Coordinación de la Producción Nacional; el aumento del 10% a los empleados federales y de organismos descentralizados, ejército y armada; la derogación de un impuesto adicional del 23% ad valorem a la exportación de los artículos de manufactura nacional y la supresión o reducción de impuestos de importación de materias primas, maquinaria, equipo, herramientas y refacciones que no produjera el país.

Eran los albores de lo que se conoce hoy en México con el nombre de desarrollo estabilizador, que consistió, fundamentalmente, en regular los precios de productos básicos, expandir las industrias dinámicas y recurrir de manera central al empréstito extranjero. El BUO actuó como una extensión de la CTM, apoyando incondicionalmente las políticas del régimen presidencial de Adolfo Ruiz Cortines. Esta organización sirvió para "llevar grandes masas de trabajadores a las concentraciones obreras".81

Por ello, Lombardo expresa que esta organización no "persigue la unidad, sino impedir que se liberen las organizaciones sindicales de su influencia".82

No puede dejar de mencionarse, aunque en forma breve, el movimiento ferrocarrilero de 1958. No sólo por su duración, de diez meses aproximadamente, sino porque este sindicato es uno de los más numerosos e importantes de la República. En el año en que ocurrieron estos acontecimientos contaba entre sus filas con un poco más de sesenta mil trabajadores.

Este sindicato había figurado desde tiempo atrás, desde los años cuarenta, participando en luchas sindicales que irían creciendo con el tiempo y que, en el año de 1958, llega a su clímax, pues había un gran malestar entre los trabajadores de esta rama industrial. El germen del conflicto fue precisamente una demanda por el alza de salarios que se había planteado desde mayo de 1958. He aquí parte de la historia del conflicto: el aumento solicitado era de trescientos cincuenta pesos mensuales por trabajador, lo que los dirigentes sindicales consideraron excesivo y propusieron que fuera de doscientos, a lo cual un delegado de la Gran Comisión -que se convertía en líder principal del movimiento-, Demetrio Vallejo objetó ese hecho, con una participación importante, pero no muy afortunada, debido a la "cruel represión ejercida por el Estado".83

Comenzaron las suspensiones escalonadas, efectuadas con gran precisión y, sin bien la demanda salarial se redujo a doscientos cincuenta pesos, la coherencia que adquirió el movimiento fue tal, que la mesa directiva anterior fue removida, eligiéndose una nueva, encabezada por Demetrio Vallejo como secretario general del sindicato en agosto de 1958.

Las demandas planteadas fueron cumplidas, pero la mesa directiva del sindicato continuó presionando por mayores reivindicaciones. El 1o. de diciembre de 1958, habiendo asumido ya la presidencia Adolfo López Mateos, el sindicato propuso revisar las tarifas de los ferrocarriles y eliminar canonjías hasta hacerla de una empresa rentable. Estas demandas no prosperaron y la decisión fue la de reprimir "el movimiento ferrocarrilero, su liderazgo y las bases que lo apoyaban".84

A fines de marzo de 1959 el movimiento fue aniquilado, los líderes fueron encarcelados y fueron despedidos varios miles de trabajadores con el fin de restablecer el orden. Este suceso es un amargo retroceso en las luchas proletarias de México.

Después de los acontecimientos a que nos hemos referido, el gobierno de López Mateos consideró la creación de una nueva central que aglutinara a los sindicatos disidentes. Éste fue el motivo principal para la formación de la Central Nacional de Trabajadores (CNT) en diciembre de 1960. Originalmente estuvo compuesta por el SME, la CROC, la FROC y el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM). Pugnaba por la independencia del movimiento obrero. Al acto inaugural asistieron más de veinticinco mil trabajadores. Esta nueva gran confederación se encontraba en oposición al BUO, que ya para fines de los años cincuenta declaraba tener una afiliación cercana al millón y medio de trabajadores. La existencia de esta central fue efímera. Porque, para 1966, desapareció junto con el BUO, para dar paso a un nuevo intento de unificación: el Congreso del Trabajo.

 

VIII. EL CONGRESO DEL TRABAJO

 

El Congreso del Trabajo (CT) ha sido el último intento para unificar el movimiento obrero organizado en México. Su formación es resultado de la fusión de las confederaciones y los sindicatos de industria nacionales. El CT ha seguido, en general, "la orientación marcada por la CTM de alianza con el Estado".85 Sin embargo, también es notable que algunos de sus integrantes expresen corrientes mucho más radicales.

El CT es un intento más de organización promovida por el gobierno con objeto de mantener el control del movimiento obrero. Fue fundado en 1966, durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. El CT respeta la autonomía de acción de cada sindicato, aunque establece un programa general de acción para todos sus integrantes, cuyo contenido debe respetarse por encima de los programas individuales. Para fines de este estudio, entre los elementos más importantes del programa de acción destacan:

1) Procurar que el movimiento sindical adquiera mayor relevancia.

2) Consolidar la alianza de los trabajadores del campo con los de la ciudad y los demás sectores del pueblo.

3) Trabajar asiduamente hasta lograr la estructura unitaria y democrática del movimiento obrero.

4) Luchar por un sindicalismo revolucionario, combatiendo toda estimulación que lo desnaturalice; sin embargo, hay que entender que revolucionario significa, en este caso, estar con el gobierno emanado de la Revolución mexicana.

5) Consolidar la unidad sindical, oponiéndose a cualquier acto divisionista, para fortalecer a las organizaciones pactantes y en los problemas intersindicales o internos que se susciten, utilizar medios de convencimiento y, en última instancia, apelar y acogerse a la decisión de la mayoría.

6) Brindar solidaridad a todos los trabajadores que decidan organizarse sindicalmente y luchar por la total sindicalización de los trabajadores… que son víctimas de la inicua explotación.

7) Luchar por todos los medios posibles contra el encarecimiento de la vida.

8) Oponerse y luchar sistemáticamente contra todos los monopolios privados, nacionales y transnacionales. Apoyar y propiciar la lucha de todos aquellos sindicatos de industria que deseen obtener la celebración del contrato-ley, en cualquier rama industrial, por considerar que aquél es el instrumento idóneo para que el trabajador obtenga mejores niveles de vida y una mayor seguridad de la permanencia en su trabajo.

9) Luchar porque se obtenga un salario remunerador que retribuya el servicio prestado o el esfuerzo realizado, en la medida de la riqueza que éste produce.

10) Pugnar porque se rescate nacionalizando las industrias químico-farmaceúticas y la del vestido.

11) Considerar que, debido al alto índice de desempleo, es indispensable establecer un seguro contra éste, para aliviar, en lo posible, el agudo problema que agobia a las personas en edad de trabajar, sin dejar de presionar a quienes puedan seguir creando empleos.

Como puede observarse, este programa, a nivel ideológico, contiene postulados de reivindicación; busca la socialización de los medios de producción, especialmente en las industrias que se han señalado: alimentación, vestido y las químico-farmaceúticas; ignora otras que son también muy importantes. La lucha por obtener un salario remunerador ha fracasado; huelgan los comentarios al respecto. Es evidente que el salario mínimo cada vez disminuye más ante el incremento en el costo de la vida. El seguro del desempleo y la semana de cuarenta horas -ya instituida en algunas empresas y establecimientos- son medidas de presión comúnmente utilizadas en la práctica para negociar cláusulas de diversa naturaleza, aunque a veces, también se usan más como argumento político o publicitario.

El CT está constituido por una asamblea nacional, donde están representadas las distintas confederaciones nacionales y federaciones, así como los sindicatos de industria más importantes y aquellos de carácter gremial, excepto los sindicatos blancos del área de Monterrey que no están incorporados. Tiene, además, un Consejo Nacional, que cuenta con una comisión coordinadora; dicha comisión está formada por los presidentes o secretarios generales de las agrupaciones que integran el Congreso. El CT es "un tipo de foro que sirve para discutir puntos e intereses distintos de las diversas organizaciones obreras. Intenta coordinar esfuerzos y definir políticas comunes para todos los grupos laborales".86

Como ya se dijo, el proyecto de constitución fue promovido por el partido oficial para crear un clima de unidad y eliminar conflictos personales entre los líderes obreros. El lema del CT es: unidad y justicia social y su sede, la ciudad de México.

La Asamblea Nacional del CT se reúne cada cuatro años, a excepción de que sea convocada para sesión extraordinaria. El comité coordinador maneja las operaciones diarias del CT y es su rama ejecutiva. Secretarios generales o presidentes y dos asistentes de cada una de las organizaciones representadas, forman el comité. También hay subcomités con diferentes funciones. Puede decirse que el CT es la organización más grande que el movimiento obrero mexicano ha tenido en los últimos tiempos. Sobresale la CTM como la confederación más importante que la integra. Podría decirse que el CT es el intento más serio para unificar, relativamente, a la clase obrera. Claro está que dicha unificación no necesariamente corre paralela con los intereses del conjunto ni con el de sus líderes. El CT ha contribuido a reforzar el modelo capitalista mexicano. En esta revisión del sindicalismo mexicano, desde su origen y evolución, nos ocuparemos de los rasgos y características específicas más distintivas de los sindicatos mexicanos, sobre todo de los más importantes.

Es necesario apuntar que el movimiento obrero mexicano, al igual que el de otros países, ha sido el producto natural del tiempo y de la influencia del capitalismo y "de la proletarización de las masas industriales y del fin de la vieja corporación profesional".87 Aunado a esto, también podemos señalar como causas inmediatas de las asociaciones sindicales, la miseria y marginación de los trabajadores. Ello trajo consigo, tal y como lo apunta Mario de la Cueva, dos finalidades: "una inmediata, el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida en el presente y, otra mediata, que fue la creación de la República del Trabajo".88

Puede decirse que el sindicalismo fue un producto de imperativos vitales; nació en forma natural, como la respuesta humana al materialismo de la burguesía. En México, como en otras partes, tuvo fases o etapas necesarias para su evolución. Primero, la clandestinidad o tolerancia, después, la politización; aunque en un principio, en nuestro país, en sus primeras centrales obreras fue marcada la tendencia de las agrupaciones obreras a mantenerse al margen de la política gubernamental, a pesar de que ése no fue el caso de sus líderes. Actualmente, los dirigentes "reciben el premio de los puestos públicos en una relación de mutuos beneficios".89 Pero en un principio fue característico el apoliticismo sindical (recuérdese a la Casa del Obrero Mundial [1912] y otros grupos representativos del anarcosindicalismo). Por último, la institucionalización, pues el Estado, al crecer el sindicato, "se ha vuelto sindicalista en todas partes".90

Los Estados de hoy no son agnósticos sino sociales, como puede verse en las declaraciones preliminares de las Constituciones o cartas fundamentales contemporáneas. Por ello, en la mayor parte de los casos, ven en el sindicato un poderoso elemento que coadyuva a la dirección de la economía. Basten como ejemplo, los pactos de concertación social en algunos países europeos, como Inglaterra, Italia, Francia y, especialmente, España, que han tenido bastante significación para nuestro derecho; en todos los casos, la participación de los sindicatos más poderosos o representativos ha sido determinante. Al mismo tiempo, se limitan y vulneran las negociaciones colectivas, que se ven reducidas en cuanto a sus aspiraciones de mejores condiciones de trabajo. Esta experiencia de la llamada concertación social, reciente para México y los mexicanos, la vivimos o sufrimos actualmente, con el llamado Pacto de Solidaridad Económica, que fue celebrado por el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, como una medida desesperada para combatir la inflación y la carrera desmesurada de precios y salarios. El que esto escribe no acepta como fidedignas las cifras del Banco de México ni de los voceros oficiales, que cotidianamente expresan sus opiniones a través de los medios de comunicación masiva (radio, prensa, televisión, etcétera), explicando y justificando las bondades y beneficios para el pueblo.

En México, las fases evolutivas por las que ha atravesado el sindicalismo son similares a las de otros países. Podemos señalar que la fase de tolerancia prevaleció de 1912-1917, la de la politización de 1918-1938 y la de integración al Estado de 1938 a la fecha.

Por lo que se refiere a la fase de tolerancia, es el periodo en el que los trabajadores intentan organizarse a través de los sindicatos; es la época revolucionaria y prerrevolucionaria, en la que en un principio los gérmenes del sindicalismo fueron brutalmente reprimidos y, después, considerablemente tolerados. En la segunda fase, el movimiento obrero tiene una participación notoria en el proceso político del país. Los dirigentes sindicales incursionan en el terreno político, ocupando posiciones dentro del gobierno. En la tercera, que es una etapa de transición, se intenta que el movimiento obrero trascienda dentro del Estado mexicano, buscando mayor representatividad de la clase obrera. La fase de burocratización o institucionalización, es decir, la participación del movimiento obrero dentro de la estructura estatal, como apéndice del sistema político, que es el caso de la CTM; CNC; CNOP; el CT, etcétera, que están vinculados con el poder político, a través de sus representantes sumisos a la burocracia estatal y, por lo tanto, ajenos al sentir de la clase trabajadores de la que se ostentan genuinos representantes.

La fase de insurgencia, en la que se producen manifestaciones de inconformidad "después de 35 años de sometimiento de los trabajadores a un sindicalismo oficializado… se caracteriza por ser una auténtica rebelión contra todo lo instituido".91

La insurgencia sindical puso en pie de lucha a los trabajadores en contra de los líderes que no supieron representarlos y contra el gobierno que había permitido la descomposición en el seno de los sindicatos.

IX. EL FRENTE AUTÉNTICO DEL TRABAJO

 

El Frente Auténtico del Trabajo (FAT) resulta ser, en el panorama sindical de México, un participante extraño, tanto por sus orígenes como por la manera como se ha manifestado su presencia y por la vinculación con toda clase de reservas ideológicas, con el sindicalismo independiente de México, expresión que "sólo intenta poner de manifiesto su autonomía frente al Estado, pero no frente a los partidos políticos".92

El FAT nace con motivo de dos importantes conflictos de huelga. El primero se produce en el norte del país, en Saltillo, en el seno de un grupo industrial importante y familiar. La empresa afectada, "Moto Islo", había revisado su contrato colectivo de trabajo y sus trabajadores se lanzaron a una huelga dirigida por el FAT. Pocos meses después, en la fábrica "Spicer", en la ciudad de México, se produjo un acontecimiento semejante. El final fue notablemente negativo para el movimiento obrero independiente, ya que se despidió a la mayoría de los trabajadores, aunque indeminizándolos. Ambos sucesos acaecieron en el periodo presidencial de Luis Echeverría. El sector patronal hizo todo lo posible por destruir el movimiento en su origen. El FAT, en su indefensión ideológica "dejaba puntos en su conducta".93

Aunque el FAT parece haber roto las amarras con sus antecedentes eclesiásticos, coincide en variadas ocasiones con la izquierda, sin que se produzcan definiciones comprometedoras. Su acción sindical es eficaz, gracias a la habilidad de sus dirigentes; se ha orientado hacia el mundo indefinido de la educación privada y pública. Esta organización ejerce una clara crítica del sindicalismo mediatizado y suele poner de manifiesto las deficiencias del sistema político y la necesidad de devolver a los trabajadores su poder adquisitivo. Vive una etapa de consolidación, en espera de mejores oportunidades. Le preocupa la formación sindical de sus dirigentes, que frecuentemente viajan hacia América Latina y Europa, para asistir a cursos de dirigencia sindical. Como parte de su estrategia busca democratizar los sindicatos oficialistas, sin tratar de arrancarlos de su central de origen. El programa de lucha del FAT ha sido considerado en diversas ocasiones como autogestionario, que establece metas a corto, mediano y largo plazos. Por ello, De Buen expresa que "se trata de una tarea larga de creación de conciencia de clase tan escasa en nuestro medio laboral. El FAT por lo mismo, no tiene demasiada prisa".94

Pretende, a largo plazo, la creación de un Estado socialista, sin clases, que explote racionalmente la naturaleza y no a los trabajadores. Que los centros de trabajo sean propiedad social y administrados por quienes los trabajan. Establece, a mediano plazo, dentro de su programa de acción económica y política, lo siguiente: escala móvil de salarios, control efectivo de precios, creación del seguro de desempleo, jornada de cuarenta horas con pago de cincuenta y seis, administración de empresas con libros de contabilidad abiertos a los trabajadores, nacionalización de industrias clave, tierra, transporte, banca y compañía de seguros, terminación de monopolios y oligarquías, etcétera. En el aspecto político, sus metas son: imponer el respeto al derecho de asociación y de organización política, democracia, independencia y autonomía de las organizaciones de los trabajadores, con respecto al Estado, los empresarios y el capital extranjero, etcétera. A corto plazo, sus aspiraciones son: el aumento de general de sueldos, que supera el alza de artículos y servicios de consumo popular, tendiendo a establecer la escala móvil de salarios; organizar asociaciones populares de consumidores que orienten y organicen acciones de presión contra los encarecedores; crear auténticas cooperativas de producción, consumo, ahorro y crédito; desarrollar el proceso de organización, defensa y resistencia obrera, y denuncia pública contra despidos, listas negras, trabajo eventual disfrazado, contra el sindicalismo oficial, la corrupción de los tribunales laborales y contra la violación a la Ley Federal del Trabajo y a la Constitución general de la República.

Algo significativo en la práctica del FAT es la importancia que se da a la información de sus miembros en estos tres aspectos: jurídico, sindical y político. Mantiene una corriente de información con la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), con el fin de solidarizarse con sus luchas, que en otros países estén librando los trabajadores del continente.

Los principales sindicatos afiliados al FAT son: el Sindicato Industrial 15 de Agosto de Trabajadores de la Industria del Vestido, Sindicato Libertad de Maquiladora de Pantalones, Sindicato 1o. de Mayo de la Industria de la Construcción, Sindicato Industrial 20 de Noviembre de Trabajadores de la Industria del Calzado, Sindicato "Ricardo Flores Magón" de Trabajadores de la Industria Hulera, con varias secciones, Sindicato "Emiliano Zapata" de Trabajadores del Campo, Sindicato 27 de Diciembre de Trabajadores de Laminados y Maquilado, Sindicato Nacional del Hierro, con varias secciones, Sindicato de Trabajadores de Losetas de Guanajuato, Sindicato de Trabajadores de la Música, etcétera.

Es frecuente observar que algunos autores aluden a la indefinición ideológica del mismo y, aunque en un principio siguió la tendencia social-cristiana, actualmente "se le puede catalogar como social autogestionaria".95

En el medio empresarial se les considera como extremadamente apegados a sus ideales y, por lo tanto, cerrados a cualquier transacción que no sea plenamente propicia a los intereses de los trabajadores que representa. Ya se dijo que pugna a largo plazo por la autogestión; ésta se dará cuando se vean mayores indicios y posibilidades de un cambio social estructural.

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