EL SINDICALISMO EN MEXICO parte 1

EL SINDICALISMO EN MÉXICO

JOSE M. LASTRA LASTRA1

 

SUMARIO: I. Introducción. II. La Confederación Regional Obrera Mexicana. III. La Confederación General de Trabajadores. IV. Los sindicatos católicos. V. La Confederación General de Obreros y Campesinos de México. VI. La Confederación de Trabajadores de México. VII. La Unión de Obreros y Campesinos de México. VIII. El Congreso del Trabajo. IX. El Frente Auténtico del Trabajo. X. La Confederación de Trabajadores y Campesinos. XI. La Unidad Obrera Independiente. XII. Reflexión final.

 

I. INTRODUCCIÓN

 

Entre los antecedentes del sindicalismo, Trueba Urbina menciona "la sociedad particular de socorros mutuos… posteriormente se estimó que el sistema cooperativo de consumo era más benéfico que el mutualista. El 16 de septiembre de 1872 se fundó la primera asociación de tipo profesional, círculo de obreros".2 Esta organización llegó a contar en sus filas, en octubre de 1874, con más de ocho mil trabajadores, en su mayoría artesanos y obreros de hilados y tejidos. El 5 de marzo de 1876, fue fundada la Confederación de Asociaciones de Trabajadores de los Estados Unidos Mexicanos, la cual fortaleció la unidad de los trabajadores, constituyéndose después, en 1890, en la Orden Suprema de Empleados Ferrocarrileros Mexicanos, la Unión de Mecánicos Mexicanos, la Sociedad de Hermanos Caldereros Mexicanos, la Liga Mexicana de Empleados de Ferrocarril y otras más. En Cananea se fundó la Unión Liberal Humanidad y, en Orizaba, Veracruz, el Gran Círculo de Obreros Libres, ambos organismos fueron los protagonistas de las huelgas de Cananea y Río Blanco. En 1911 se constituyó la Confederación Tipográfica de México. En 1912 se fundó el Departamento del Trabajo y se estableció la Casa del Obrero Mundial que en 1913 conmemoró "por primera vez en el país, el 1o. de mayo, exigiendo la jornada de ocho horas y el descanso dominical".3

La idea de fundación de la Casa, partió de los líderes españoles Juan Francisco Moncaleano y Eloy Armenta, en cuyo derredor se agruparon Rosendo Salazar, Celestino Gasca, Antonio Díaz Soto y Gama, Lázaro Gutiérrez de Lara, Manuel Sarabia, Rafael Pérez Taylor, etcétera. El fin de los fundadores fue crear "un órgano orientador de las masas obreras que empezaban a sindicalizarse y a luchar por la unificación del movimiento obrero".4 La Casa del Obrero Mundial, con tendencias ideológicas anarquistas, procuraba agrupar a los trabajadores en sindicatos y asociaciones profesionales. Sus métodos tácticos de lucha consistieron en el sabotaje, el boicot y la huelga general. La primera huelga en que tomó parte la Casa del Obrero Mundial "fue declarada en el café inglés, durante la cual, pintorescamente, los obreros, para colaborar en ese acto con los meseros huelguistas, ocuparon las mesas del establecimiento en calidad de clientes".5

II. LA CONFEDERACIÓN REGIONAL OBRERA MEXICANA

 

En febrero de 1916, se llevó a cabo en Veracruz, un Congreso obrero convocado por la Federación de Sindicatos del Distrito Federal, al que se negó a concurrir el general Heriberto Jara, quien era, en aquel entonces, el gobernador del estado. En tal Congreso se acordó formar un organismo sindical obrero llamado Confederación del Trabajo de la Región Mexicana. En su declaración de principios establecía, como objetivo principal de los trabajadores, el de la lucha de clases y, como finalidad suprema para el movimiento del proletario, la socialización de los medios de producción. Se usaría como medio la llamada acción directa, quedando excluida del esfuerzo sindicalista toda clase de acción política, entendiéndose como tal, el hecho de adherirse oficialmente a un gobierno, a un partido o personalidad que aspira al poder gubernativo. Quien aceptase un puesto público, quedaría automáticamente fuera de la Confederación. Serían aceptados tanto los trabajadores manuales como los intelectuales, siempre y cuando acatasen los principios y estatutos.

El 13 de octubre de 1917, se reunió en Tampico otro congreso obrero; concurrieron a él delegados de todas las organizaciones de importancia. Se aprobaron resoluciones que asentaban el derecho de libre asociación, recomendaban la organización sindicalista y se aconsejaba a los obreros limitar la familia, cuando la situación económica fuera grave. Las organizaciones obreras de Tampico se congregaron el 13 de diciembre de 1917 y acordaron convocar a la realización de un Congreso Obrero para formar una organización nacional. Este Congreso se reunió el 1o. de mayo de 1918, en la ciudad de Saltillo, "ahí se fundó la CROM… en su declaración de principios se destacan los siguientes aspectos: reconocimiento de la existencia de dos clases: explotados y explotadores; esta situación es injusta, la clase explotada tiene el derecho de establecer una lucha de clases".6

Se adoptó el nombre de Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), pues los anarquistas y socialistas propugnaban el título de regional de México, pensando que podrían ser sección de una central internacional. En cambio los reformistas propugnaban la supresión del título de regional y agregar el de mexicana, significando este último término, que era una organización nacional desvinculada de las demás. Su lema era: salud y revolución social, lema anarquista.7

Posteriormente, la llamada acción directa del anarquismo fue abandonada y sustituida por la acción múltiple, dando paso así a la participación en las actividades políticas, que en un principio se pensó desligar de esta organización. La fundación de la CROM representa el triunfo del reformismo, en el movimiento obrero de México.

Desde la realización del congreso de 1916, en Veracruz, se descartó la lucha política y se maniató a la clase obrera, condenándola a la lucha económica; se prohibía a los miembros de los organismos sindicales apoyar a algún partido político e, implícitamente, se les impedía la formación de un partido obrero. El congreso de Saltillo, en 1918, hizo sentir la lucha de nacionalistas contra una tendencia de afiliarse a la internacional. Los principios que sustentaba en su inicio el movimiento obrero, van poco a poco degenerando. De la socialización de los medios de producción, propugnada en Veracruz, se pasa a la lucha por la descentralización de la propiedad, cayendo en una posición agraria reformista que sólo buscaba el reparto de la tierra, pero no la desaparición del sistema.

También, en el Congreso de Saltillo, se exigió la reglamentación del artículo 123 constitucional. La CROM consiguió la hegemonía durante el decenio de los años veinte, que se traduce en un control de las demandas de los trabajadores.

La CROM tuvo nexos con la American Federation of Labor (AFL), dirigida por Samuel Gompers, quien tenía conocimiento del movimiento obrero panamericano desde 1883, "cuando trabajaba en una fábrica de cigarros en Nueva York, conoció a tres trabajadores mexicanos que -según él- le dieron una idea bastante exacta de la situación política e industrial en el régimen de Díaz".8 El líder estadounidense señala haber visitado tres veces México y que, en varias ocasiones, algunos mexicanos acudieron a verlo para pedirle consejo sobre sus proyectos de derrocar al general Díaz.

En cuanto a sus nexos con los integrantes de la CROM, expresa que: "se gestionó que la delegación mexicana enviara dos representantes a Washington para que conferenciaran con el Consejo Ejecutivo de la AFL…" uno de los representantes de la ciudad de México era Luis N. Morones, que llegó a ser -dice Gompers- un jefe muy influyente en las organizaciones obreras mexicanas.9

Como se sabe, Morones fue importante líder de la CROM y tuvo estrechas relaciones con la AFL. Uno de sus resultados, después de las entrevistas en Laredo, Texas, fue la constitución de la Panamerican Federation of Labor de 1918, fecha en la que Gompers expresa que envió "a México una comisión del movimiento obrero norteamericano, formada por James Lord, Santiago Iglesias y John Murray".10

Esta comisión prestó muy buenos servicios, pues según los proyectos que se habían estado estudiando durante meses se utilizarían todos los contactos amistosos posibles para convocar una conferencia encaminada a la organización de la Federación Panamericana del Trabajo. Fue significativa la ceremonia en que se inauguró el Congreso, en Nuevo Laredo, con participación de Luis N. Morones y Gompers. Posteriormente, Gompers prestó sus servicios a la Federación Panamericana como presidente, aun cuando el presidente De la Huerta, en 1923, en una conferencia que se celebró con representantes de las organizaciones obreras mexicanas, en El Paso, se inconformó y protestó, a través de sus partidarios, por el interés que Gompers manifestó públicamente por Calles, expresándole su simpatía para las próximas elecciones. Esta actitud intervencionista de la AFL, por medio de Gompers, fue sin duda lo que originó la conducta de De la Huerta en esas conferencias, en las que, según el líder de la AFL, "De la Huerta adoptó una actitud de superioridad altanera, no obstante que el líder norteamericano expresa… no tener el menor deseo de intervenir en los asuntos internos de México".11

La realidad es que la intervención de Gompers en el movimiento obrero mexicano venía dándose desde la época porfirista, como él mismo lo expresa y reconoce; no obstante, continuó por mucho tiempo su participación. Hay noticias de que estuvo protestando por las actitudes de don Venustiano Carranza, en contra de su gestión, pues según él "Carranza convertía las huelgas en delito, punibles con la pena de muerte".12

Ahora bien, recuérdese que tal aseveración hecha por el líder estadounidense no carece de bases, puesto que en la huelga efectuada por los electricistas en la ciudad de México, en 1916, aquélla no había sido todavía consagrada como un derecho. Fue alrededor de seis meses después, con la Constitución de 1917 y específicamente en el artículo 123 de la misma, cuando fue elevada a rango constitucional. Claro está que ello no facultaba a Gompers para intervenir en la política de nuestro país, con el pretexto de defender y favorecer los intereses de los obreros mexicanos.

La integración de la CROM a la Federación Americana del Trabajo fue duramente criticada por los sectores más radicalizados del movimiento obrero mexicano "quienes vieron en la presencia de los representantes norteamericanos a agentes de la Casa Blanca con el propósito de atraer al movimiento sindical mexicano, a la órbita de influencia estadounidense".13

Esta vinculación entre la CROM y la AFL desarticula la relación del sindicalismo mexicano con otras organizaciones internacionales del mismo carácter y provoca un alejamiento que se acentuará hasta hacer desaparecer las ideas anarcosindicalistas.

La hegemonía de la CROM continuará hasta 1928, aunque hay indicios de que su deterioro se inicia en 1926. Su secretario general, Luis N. Morones, quien había surgido del sector electricista, se transforma en la figura clave del movimiento sindical. El papel que desempeñan Morones y la CROM no puede entenderse sin el apoyo otorgado por el Estado, en el momento en que se afronta la tarea de reconstruir el Estado-nación, resquebrajado por los sucesos del decenio anterior. Esta situación es la que permite explicar el enorme desarrollo de la CROM y el poderío de sus dirigentes, apoyados por Obregón y Calles. Los líderes actuaban mediatizando las demandas obreras y las decisiones eran tomadas en función de la alianza entre los dirigentes sindicales con los jefes políticos. Baste señalar, a guisa de ejemplo, que como fruto del apoyo otorgado a Obregón, el dirigente de la CROM, Celestino Gasca, es nombrado gobernador del Distrito Federal y el secretario general de la misma, Luis N. Morones, director de los establecimientos fabriles y militares. De esta forma, los dirigentes cromistas comienzan a ocupar cargos políticos en las Cámaras de Diputados y de Senadores, e inclusive, gubernaturas en algunos estados. El poder de Morones era tal que imponía a los candidatos y los destituía de sus cargos si éstos se le oponían.

En la VI Convención, la CROM declara al candidato presidencial, Plutarco Elías Calles, su presidente honorario. El Partido Laborista Mexicano, prolongación de la CROM, apoya su candidatura y el 1o. de diciembre de 1924 asume la presidencia. Mientras que Luis N. Morones es nombrado secretario de Industria, Comercio y Trabajo.

La trayectoria del movimiento obrero organizado empezaba a tomar un perfil definido, que lo acercaba más a la conciliación que a la confrontación con el Estado.

Cuando Obregón terminó su mandato, a finales de 1924, la CROM ya había recorrido un largo trecho en su cambio de orientación de los grupos obreros a los agrarios. Obregón y sus seguidores agraristas llegaron a formar una facción durante la administración de Calles, y éste y los grupos de la CROM, otra. Si bien la política general de ambos seguía siendo la misma, sus respectivos centros de fuerza provenían de grupos divergentes y cada vez más hostiles. El Partido Nacional Agrarista, de Obregón, estaba claramente en desgracia con Calles, mientras que el partido oficial de éste, es decir, el Laborista Mexicano, entraba cada vez más en conflicto con Obregón.14

Esta división de intereses entre los dos hombres fuertes de México, fue una de las razones por las que el Partido Laborista no pudo controlar, incluso en la cima del poder, a la mayor parte de los gobiernos de los estados.

Hasta 1925, el Partido Nacional Agrarista y el Partido Laborista, conciliaron intereses y trabajaron juntos en una aparente amistad. Sin embargo, poco tiempo después del ascenso del sector obrero al poder, con Calles todo cambió, hubo pugna entre ellos. Los líderes agraristas pedían que la CROM se limitara en sus tareas de acción social con los campesinos a los trabajadores agrícolas de las haciendas y dejar los ejidos al Partido Agrarista. Pero Morones replicaba que los jornaleros y los ejidos tenían los mismos problemas y se negaba a reconocer las diferencias entre las dos clases sociales del campo y la ciudad. El resultado de esta controversia fue que el Partido Laborista se retiró del bloque radical en la Cámara de Diputados que había estado compuesto por laboristas, agraristas e independientes.

En 1926, la CROM afirmaba contar con dos millones de adherentes, cifra evidentemente exagerada, "pero difícil de ratificar por la falta de buenas fuentes".15

A partir de que Calles designó a Morones para ocupar la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, éste emprendería la sindicalización de todos los obreros y campesinos para agruparlos en la CROM. Esto provocó la ruptura política en 1925 con el Partido Nacional Agrarista y la lucha sangrienta con los sindicatos católicos, patronales y rojos. Algunos gobernadores no permitieron la penetración de la CROM en sus respectivas jurisdicciones. Tal fue el caso de Yucatán, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas. Portes Gil no le permitió adueñarse de los numerosos sindicatos petroleros ya organizados en la Confederación Regional de Tamaulipas, con lo cual se finca entre ellos una seria y activa enemistad. Como hombre de confianza de Calles, Morones recibió el apoyo presidencial para la CROM. El hecho de que Calles, en 1927, no hiciera gobernador de Guanajuato al líder obrero Celestino Gasca, molestó a los integrantes del Partido Laborista, ya que Gasca era uno de sus líderes más conocidos y respetados. Esto ocasionó que las relaciones entre Calles y los dirigentes de la CROM se comenzaran a debilitar. Por esas fechas (1927), Calles ya no encontraba aprovechable o interesante ser conocido como el presidente obrerista y bolchevique. Su gobierno tendía abiertamente al conservadurismo y dependía cada vez más del apoyo de la derecha, aunque por algún tiempo tuvo una simpatía sincera por el movimiento proletario.

Esto originó, como lo he venido apuntando, una serie de desacuerdos entre él y los miembros obreros del gobierno en un intento por hacerlos renunciar. En consecuencia, cuando comenzó la campaña presidencial de 1917-1928, los dirigentes de la CROM efectivamente necesitaban tiempo para pensar en una salida a esta situación tan difícil, por lo que decidieron, en el Congreso del Partido Laborista, realizado en septiembre de 1927, que "la única vía era la aceptación de Obregón como candidato presidencial por el partido".16

Morones aparentaba indiferencia respecto al tema de la reelección, pero entre las masas obreras había un resuelto sentimiento en contra de la misma; una facción quería apoyar la candidatura del general Francisco Serrano; otros buscaban ampliar el mandato presidencial a seis años, para que Calles pudiera permanecer dos años más en el cargo, y otros proponían como candidatos presidenciales de la CROM a Morones o a Gasca. No obstante, el Grupo Acción (de la CROM), utilizando mano dura, pudo imponer su voluntad a los diferentes elementos y evitar una escisión en el partido. La convención aceptó a Obregón como candidato obrero, pero con una reserva. Apoyarían su candidatura en la inteligencia de quedar en libertad de retirarle este apoyo en el momento que juzgaran prudente hacerlo. Y, el 30 de abril de 1928, el Partido Laborista le retiró su apoyo, para dejar en entera libertad a la mesa directiva de escoger su candidatura, lo cual significa, finalmente, que no se declararon obregonistas.

Morones renunció a las actividades gubernamentales y justificó su actitud en un discurso que tuvo amplia difusión entre los miembros del Partido Laborista, en el que expresaba:

Una organización obrera tiene todo el derecho a ser política cuando existe una corriente de franqueza, basada en hechos innegables, la cual puede otorgar a los hombres que dirigen la acción política de nuestro país, todo el prestigio y las garantías necesarias para ganarse la confianza de las masas obreras; cuando hay un hombre como Calles; con él se puede ser político, ir en cualquier dirección, guiado por él, pero cuando hay otras circunstancias, es preferible repetir el cadalso: la vieja guardia muere, pero no se rinde.17

Esta actitud de Morones y el Partido Laborista causó gran consternación entre los grupos que lo constituían. Obregón respondió en seguida declarando que el Partido Laborista tenía libertad para retirarle su apoyo cuando quisiera y que él todavía contaba entre sus seguidores con suficientes elementos "para llenar todos los puestos del gobierno". Varias organizaciones comenzaron inmediatamente a apartarse de la CROM, sobre todo los partidarios de Obregón. El 16 de mayo de 1928, tres senadores y ocho diputados, así como tres regidores de la ciudad de México, publicaron un manifiesto en el que decían que abandonaban el Partido Laborista porque simpatizaban con Obregón. Por éstas y otras razones de enemistad entre Obregón y los líderes de la CROM, principalmente con Morones, esta organización orquestó en "El Toreo" una tremenda rechifla contra Obregón, cuando éste agasajó a Lindbergh, en diciembre de 1927. El tiroteo de abril de 1928 contra Obregón, en Orizaba, también se les atribuye. Lo cual explica que se adjudique a la CROM la muerte de Obregón. Aun cuando Morones no había sido el único en amenazarlo de muerte, también Arnulfo Gómez, públicamente le había ofrecido mandarlo "dos metros bajo tierra"; muerto éste y desaparecidos los generales rebeldes, sólo quedaba Morones como responsable. Con la muerte del general Álvaro Obregón, en el restaurante "La Bombilla", de la ciudad de México, el 17 de julio de 1928, la liquidación de la CROM y el Partido Laborista se aceleró en unos cuantos meses. Cuatro días después, los miembros obreros del gobierno que ocupaban cargos por nombramiento: Luis N. Morones, secretario de Industria, Comercio y Trabajo; Celestino Gasca, director de las Fábricas Militares Federales y, Eduardo Moneda, director de los Talleres Gráficos de la Nación, renunciaron a sus puestos. Se exigía, incluso, la expulsión de los diputados y senadores que pertenecieran al partido laborista y que se buscaran los medios para sustituirlos con partidarios de Obregón. Lo mismo se exigía respecto de los gobernadores no obregonistas. A Morones también se le atribuye, entre otros actos delictivos, la muerte del senador campechano Francisco Field Jurado, asesinado el 23 de enero de 1924, en las calles de Álvaro Obregón y la quinta calle de Córdoba, cuando se dirigía a su domicilio, en el número 134 de las calles de Colima. Pues días antes del asesinato, el propio Morones, en sesión de la Cámara de Diputados, preconizaba el empleo de la acción directa, en su peculiar oratoria llena de vulgaridades, en la que expresó públicamente lo que a continuación transcribo:

Los viejos caducos y empolvados que ostentan su desconsolada ridiculez en el Senado, sufrirán la acción directa… que se den prisa nuestros enemigos en afilar sus dagas y en apuntar sus rifles asesinos, porque la guerra es sin cuartel, diente por diente, vida por vida… toca ahora a los senadores el castigo. Field Jurado y Trejo están recolectando dinero para enviar a los rebeldes. Tal vez no esté lejos su castigo. El pueblo es un gobierno. Pues bien, ahora lanza su primer decreto: la acción directa.18

Como puede observarse, por estas declaraciones públicas de Morones, en las que se le atribuye responsabilidad penal por el asesinato en comentario, dado las amenazas lanzadas abiertamente en contra del senador campechano, hace suponer que éste es el autor intelectual del asesinato de Field Jurado y del secuestro de otros tres senadores que se oponían a la aprobación de los Convenios de Bucareli, celebrados con el gobierno de Estados Unidos. A fines de diciembre de 1923, el presidente Obregón había convocado a la Cámara de Senadores a un periodo extraordinario de sesiones, con la finalidad de ratificarlos. Obregón tenía el mayor empeño en que fuesen aprobados con la máxima celeridad, sin discusión, para obtener un apoyo decidido de Estados Unidos, las armas y pertrechos militares. Los senadores adoptaron la medida de que por turnos deberían faltar a la Cámara para que el quórum no se completase. El senador que dirigía las maniobras era Field Jurado.

La crisis de la CROM, en 1928, marca el fin del periodo formativo del sindicalismo mexicano, pues, durante este lapso se ensayan las modalidades de organización cuyos rasgos esenciales marcarían el desarrollo posterior de dicho sindicalismo, y es cuando se establecen los primeros eslabones de la cadena que acabó por atar definitivamente los sindicatos al Estado. En el caso de la CROM, observamos cómo la candidatura de Obregón fue la causa de las primeras divisiones. Después, el descontento acumulado por las limitaciones y fracasos del proyecto sindical cromista y por las alianzas políticas de sus líderes alcanzaría mayores dimensiones, al coincidir con las estrecheces impuestas por las crisis económicas. La ruptura definitiva de la CROM tuvo lugar con la salida del grupo lombardista en 1932, año en el que la crisis alcanzó sus niveles más altos. En medio de estas circunstancias, la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) (actualmente Partido Revolucionario Institucional PRI), y la expedición de la Ley Federal, en 1931, acabarían por transformar las relaciones obrero-patronales y los vínculos entre las organizaciones obreras del Estado.

Cuando en 1928 desaparecieron las condiciones que habían hecho de la CROM, la organización social hegemónica, los resultados fueron la salida de los líderes cromistas del gobierno y la desafiliación de un número importante de sindicatos y de federaciones obreras. Aun así, las cosas no hubieran seguido ese rumbo, si a pesar de los compromisos políticos de sus representantes "la CROM hubiera llevado adelante su proyecto obrero".19

Con la CROM, los trabajadores tuvieron la oportunidad de consolidar sus agrupaciones sindicales y hacerlas extensivas a todas las ramas de las ocupaciones y a gran parte del territorio nacional. Bajo estas circunstancias crecieron y se desarrollaron. Sin embargo, con esta Confederación, también enajenaron su autonomía y la de un proyecto sindical independiente del Estado.

III. LA CONFEDERACIÓN GENERAL DE TRABAJADORES

 

La Confederación General de Trabajadores (CGT) es una expresión de la corriente anarcosindicalista en México. Surge como respuesta del movimiento obrero en contra de la legitimación de las organizaciones de trabajadores ante el Estado. Sin embargo, su evolución se ubica en un periodo en el que ya existe aceptación oficial del sindicalismo, se discuten los proyectos de reglamentación al artículo 123 constitucional y se plantea una opción que abre la CROM: el sindicalismo y la política juntos.

El anarcosindicalismo, variante del anarquismo, plantea una estructura económica basada en el sindicato, el cual -a través de organizarse en federaciones y agruparse éstas en una confederación general- logrará la reorganización de la sociedad. Para ello, se vale de acciones directas y revolucionarias, cotidianas, que lleven, finalmente, a la huelga general, con la cual se consolidará la revolución social. La nueva sociedad podrá organizarse de manera federalista y se basará en una cooperación sistemática, según líneas generales determinadas y bajo el mantenimiento de los compromisos contraídos.

La libertad individual, con base en los contenidos y principios del anarquismo, constituye un gran atractivo para los artesanos, quienes son dueños de sus medios de producción y que en el momento histórico del desarrollo del capitalismo están ante una disyuntiva: o se vuelven proletariado industrial, alquilando su fuerza de trabajo o bien, se convierten en patronos de una de las recientes fábricas, para lo cual requieren medios de producción modernos.

Es innegable la importancia histórica e ideológica de la doctrina anarcosindicalista en el movimiento obrero mexicano, como se ha expresado en capítulos anteriores. En 1918 se creó el Grupo Marxista Rojo, adicto al Buró Latinoamericano de la II Internacional. En diciembre de 1920 se fundó también la Federación Comunista del Proletariado Nacional y, poco tiempo después, el Partido Comunista de México y la Federación de Juventudes Comunistas, inspirados todos ellos en las ideas marxista-leninistas, doctrina que había adquirido relieve internacional a raíz del triunfo de la Revolución rusa que derrotó a la dictadura zarista. En 1921, los viejos líderes anarquistas y sindicalistas organizaron la Gran Convención Radical Roja en la ciudad de México, de la que salió a la vida pública "la Confederación General de Trabajadores de México, sosteniendo los principios del apoliticismo y sindicalismo revolucionario".20

Los socios fundadores fueron: José C. Valadés, Manuel P. Ramírez, Alberto Araoz de León y Edmundo Solís. El 15 de septiembre de 1923 se adhirió esta central a la Asamblea Internacional de Trabajadores, con sede en Berlín, Alemania. Los integrantes de la CGT fueron reclutados entre las viejas agrupaciones radicales, principalmente entre los trabajadores de la industria textil y de transportes, pero su volumen no llegó nunca a ser muy numeroso, debido, tal vez, a la cerrada hostilidad de la CROM y los gobiernos que veían un serio peligro en la propagación de las ideas anarcosindicalistas, que, además no eran compatibles con la estructura jurídico-política del Estado mexicano.

La CGT permaneció fiel a los principios anarcosindicalistas y al margen de los asuntos político-electorales del país y, en firme y gallarda actitud de rebeldía, se rehusó a participar "en todo acto que pudiera significar colaboración con el régimen o atamiento de la autoridad gubernamental".21

La influencia de la CGT se hizo sentir principalmente en Michoacán, Coahuila, Jalisco y Guanajuato y su acción estuvo en relación directa con el mejoramiento de los peones de las haciendas. Entre los lineamientos más importantes que defendía figuraba el de que "los campesinos deberían tomar las tierras que les hicieran falta, sin consultar ni solicitarlas de las comisiones agrarias de la República".22

Muchas fueron las huelgas patrocinadas por la CGT que fracasaron y muchos de sus líderes sufrieron persecuciones injustas, incluso persecuciones y deportaciones. En ocasiones, cuando esta organización trataba de obtener la afiliación de otros sindicatos y su apoyo en la lucha, "Morones la obstaculizaba y aprovechaba su influencia política para impedir la circulación de los periódicos y material de propaganda".23

Su órgano de difusión ideológica fue El Verbo Rojo, que censuró violentamente "el contubernio de la CROM con el gobierno, señalando la falsificación de las auténticas miras del movimiento obrero".24

Este periódico estuvo bajo la dirección de Araiza. En él se publicaron artículos de los protagonistas más destacados del anarquismo: Bakunin, Proudhon, Kropotkin, Lorenzo Malatesta y Reclus. De cuando en cuando aparecía un ensayo ocasional de Ricardo Flores Magón, prisionero en Leavenworth, Kansas. Aunque varios autores afirman que la CGT llegó a contar entre sus miembros con ocho federaciones y ochenta y siete sindicatos y unos cien mil miembros en todo el país, estas cifras son puestas en duda por otros, entre ellos López Aparicio, quien afirma que el número de asociados "nunca llegó a ser muy grande debido a la cerrada hostilidad de la CROM".25 Lombardo Toledano, por su parte, expresa que "estas asociaciones, más que grupos de trabajadores, eran oficinas de propaganda dirigidas por extranjeros y sostenidas con dinero del exterior… nunca fue ésta un organismo muy numeroso".26

Las filas de la CGT, como en el caso de la CROM, tampoco eran homogéneas. En ellas militaban comunistas y anarquistas. Algunos líderes cegetistas capitularon de su posición anarcosindicalista por "la prolongada represión… de 1929-1931, sufrió una crisis de identidad; una época de desunión y dispersión".27

Las constantes pugnas entre sus miembros, la ausencia de Quintero, López Dónez, Arce y Valadés, antiguos líderes, así como el retiro de la poderosa Federación Obrera del ramo de la lana, hicieron crisis en la organización y motivaron su desaparición, como expresa Jacinto Huitrón: "el 15 de mayo de 1931, la CGT claudicó de su racionalismo sostenido durante diez años… hasta que, en 1935 y 1936, también cayó en manos del reformismo político".28

Algunos de los disidentes, como Rosendo Salazar, ya habían descartado el anarcosindicalismo. Pero Jacinto Huitrón, miembro del Grupo Luz, de la Casa del Obrero Mundial, permaneció fiel a las enseñanzas de Moncaleano y a la causa, dirigió por el resto de sus días, hasta fines de 1960, la Federación Anarquista Mexicana (FAM), que fue la única sobreviviente "del anarcosindicalismo de la CGT".29

Esta organización era pequeña y la constituían sólo miembros individuales. Dependía de contribuciones para imprimir su periódico Regeneración (segunda época), que durante algo más de treinta años había sido publicado como semanario, posteriormente se hizo mensual.

Cabe señalar que un grupo de militantes inconformes con la CROM se unieron a la CGT y fundaron la Federación Sindical de Trabajadores del Distrito Federal; entre ellos estaban "Fernando Amilpa, Jesús Yurén, Fidel Velázquez, Alfonso Sánchez Madariaga y Luis Quintero (los famosos cinco lobitos)".30

 

IV. LOS SINDICATOS CATÓLICOS

 

Otra fase del movimiento obrero mexicano, que no debe desdeñarse, es la etapa revolucionaria que se da desde antes del estallido de la revolución, "los sindicatos y agrupaciones de obreros inspirados en la doctrina social de la Iglesia católica".31

Al estallar la revolución existía ya una Unión Católica Obrera, presidida por el licenciado Salvador Moreno Arriaga, a cuyas instancias se celebró una asamblea general, en la que se discutieron las bases para la formación de una organización más amplia. De la asamblea surgió la Confederación Católica Obrera (CCO), que agrupaba a cuarenta y seis círculos obreros con doce mil doscientos treinta socios efectivos en 1911.

La CCO convocó de inmediato a la "Dieta de Zamora, que se realizó a principios de 1913. Sus objetivos eran llevar a cabo una reforma al sistema económico apoyada en los principios de la encíclica papal Rerum Novarum".32

Algunas de las resoluciones que se tomaron en la Dieta de Zamora fueron: salario mínimo, para satisfacer las necesidades normales de vida; supresión del trabajo para mujeres casadas y niños; habitación y un taller para los artesanos; se propuso la creación del seguro social de desempleo, accidentes, enfermedad y vejez; así como la creación de juntas de arbitraje para resolver los conflictos entre el capital y el trabajo, con carácter permanente y obligatorio; se propugnó la participación en los beneficios y aun en la propiedad de las empresas, ya fuera mediante acciones, ya por otros métodos que se irían elaborando; protección eficaz del trabajo a domicilio, sobre todo del de las mujeres y jóvenes costureras; representación legal ante los poderes públicos de los intereses de los trabajadores, etcétera. Los dirigentes católicos se jactaban de haber emprendido, en 1913, "un programa social tan avanzado como las disposiciones contenidas en el artículo 123 de la Constitución de 1917".33

Como es de suponerse, todo quedó en la fase declaratoria; no se hizo el más mínimo esfuerzo para llevarlo a la práctica.

La Iglesia emprendió en aquel entonces una activa campaña en contra de los sindicatos socialistas, desde el púlpito y por escrito. Llegó a declarar pecado mortal la afiliación a los sindicatos, "basada en el odio y la guerra de clases".34 Sobre todo, los obreros que se incorporan a un sindicato patrocinado -claro está- por la Iglesia, o que no fuera de naturaleza puramente cooperativa, caía la amenaza del castigo. La agrupación llamada Acción Social Católica convocó un congreso que se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara, en abril de 1919, en el cual participaron sesenta y seis grupos obreros. En 1920 "se funda el Secretariado Social Mexicano bajo la dirección del padre Alfredo Medina".35 Las oficinas principales estaban en Guadalajara. A Méndez Medina lo sucedió otro cura, Arnulfo Castro. El hecho de que siempre fuera un cura la cabeza del movimiento es indicativo de lo poco que tenían que ver los obreros en la dirección del mismo. Fruto de las labores del Secretariado Social Mexicano, en el sector obrero, fue "la Confederación Nacional Católica del Trabajo (CNCT) que nació como consecuencia de la celebración del Congreso Obrero Católico de Guadalajara, en abril de 1922".36

Respecto a la importancia que tuvo este movimiento, las opiniones se dividen. Según López Aparicio, la CNCT "dio sus primeros pasos llena de vigor; contaba con trescientas cincuenta y tres agrupaciones filiales en las que militaban aproximadamente ochenta mil miembros".37

Basurto difiere de la opinión anterior vertida por López Aparicio y expresa que: "no debe olvidarse que este autor [López Aparicio] siente especial simpatía por las organizaciones de la Iglesia".38 Por su parte, Vicente Lombardo Toledano, en su ya conocida obra, expresó que el propósito de la Iglesia católica mexicana, respecto de las asociaciones profesionales, era el de unir íntimamente a los patronos y obreros; dirigir a aquéllas por conducto de sus ministros y alejarlas de la influencia y vigilancia del Estado; lo que equivalía, en suma, a tratar de resolver el problema del trabajo por sí mismo. Tal es la condición del sindicalismo católico. El clero lo inventó para servir de instrumento en contra del sindicalismo socialista. Por ello, cumplida su misión histórica casi ha desaparecido: "nunca controlaron los obreros católicos una fábrica; su programa, contrario al sindicalismo obrero mexicano, condenó a sus asociaciones a la inacción y, por tanto, al fracaso".39

Otro intento de reunir a los trabajadores en una asociación religiosa fue la Confederación Cristiana de los Caballeros de la Humanidad, cuyo lema era: Pro Deu, Pro Humanitate, y que asegura admitir obreros de cualquier corriente ideológica. Su objeto era abolir radical y definitivamente las desigualdades artificiales de los hombres y procurar entre ellos el común acuerdo, la cooperación y el apoyo mutuo, como es ley natural de la humanidad, base segura sobre la que descansará el progreso material, intelectual y moral de la sociedad futura.

La CNCT luchó tenazmente porque fueran aplicados los principios contenidos en el artículo 123 constitucional y estableció múltiples servicios a favor de sus agremiados, entre ellos: atención médica y farmacéutica, bibliotecas, cajas de ahorro y préstamos, etcétera. La CNCT celebró su segundo congreso, en septiembre de 1925, de donde salió la iniciativa para formar la Liga Nacional Católica Campesina y la Liga Nacional Católica de la Clase Media.

El conflicto religioso de 1926-1929 hizo declinar el movimiento obrero católico. La CNCT fue hostilizada sistemáticamente. Los sindicatos adheridos a ella fueron puestos en entredicho. Las cuentas de ahorro depositadas en instituciones de crédito fueron confiscadas y todo el peso de la maquinaria oficial ayudada por la CROM fue arrojado contra las diversas ramas del Secretariado Social Mexicano y, en particular, en contra de la CNCT.40Los órganos periodísticos fueron clausurados. La paz social dejó de publicarse y el movimiento obrero católico declinó visiblemente.

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